Por Alberto Luis D’Andrea

     
El Robin Hood económico del siglo XXI

En el 2013 la biotecnología iniciará un punto de inflexión irreversible hacia la bioeconomía global.

En octubre de 1990 se inició el proyecto relacionado con los seres vivos más ambicioso de todos los tiempos: el Proyecto del Genoma Humano. Con una inversión de 3.000 millones de dólares, biotecnólogos de todo el mundo trabajaron intensamente para mapear aproximadamente 3400 millones de pares de bases distribuidas en los 23 pares de cromosomas humanos. Finalmente en febrero del 2001 las revistas científicas Science y Nature publicaron el mapa del genoma humano. A partir de ese momento algo no pasó desapercibido para los bioemprendedores, la factibilidad tecnológica de descifrar genomas estaba probada, pero  los resultados de ese proyecto lento y costoso eran sólo para el genoma de pocos humanos. Era necesario  desarrollar el equipamiento necesario  para poder realizar la secuenciación de los genomas en unas pocas horas y a un costo accesible (entre 100 y 1000 dólares). Planteada la carrera para producir el equipamiento necesario, los primeros equipos para tal finalidad ya se están comercializando con fecha de entrega  en el 2013, constituyendo un punto de partida y de  inflexión en el conocimiento del genoma de 7000 millones de seres humanos y por ende el inicio de la era de  una medicina personalizada  genético-molecular. Basta decir que unas 6000 enfermedades conocidas son producto de un único gen dañado. En otras enfermedades como el cáncer, el asma  y la arteriosclerosis participan a menudo  docenas de genes simultáneamente. Si nos hacemos un análisis del  genoma periódicamente podremos saber cuantas nuevas mutaciones tenemos y cuales de ellas están vinculadas estadísticamente con la probabilidad del desarrollo de enfermedades  importantes en los años venideros. Estamos hablando ni más ni menos que en el diagnóstico a nivel genético-molecular, terapias a nivel molecular y en disminuir en forma drástica los gastos en la salud mundial producto de tratamientos prolongados y costosos de enfermedades  crónicas terminales.

Adicionalmente la tecnología desarrollada para la secuenciación humana masiva nos posibilitó avanzar  rápidamente para realizar el  mapa genético de de distintas variedades  de especies animales y vegetales permitiendo por primera vez en la historia disponer del acervo genético como materia prima básica de la actividad económica, presente y futura. Un ejemplo:  el Centro Nacional de Biotecnología de Soja (NCSB) de la Universidad de Missouri ha iniciado un proyecto para secuenciar el ADN de 1.008 variedades de soja comercialmente importantes, con la posibilidad de llegar a futuro a 5.000-10.000 variantes. Cabe señalar la existencia de 20.000 variedades de soja, en la mayoría de las cuales el secreto de su  genoma no se ha revelado la fecha. Conocer el genoma completo de cada una de ellas acelerará la selección y transgénesis  para mejorar la productividad de la soja, la resistencia a las plagas y su calidad nutricional. 

El NCSB contrató al BGI  (Beijing Genomics Institute), el mayor centro de genómica en el mundo, para llevar a cabo la secuenciación. El plazo establecido para secuenciar el genoma de las 1008 variedades de soja de interés comercial es de alrededor de un año.

La secuenciación masiva del ADN de las distintas variedades de semillas tal vez nos lleve a un nuevo paradigma,  pasando de la siembra centrada en la “calidad de la semilla”  a una “genosiembra”,  en la cual sean más importantes los genes específicos  presentes en una  semilla.

En el lapso de aproximadamente 12 años transcurridos desde la presentación del genoma humano los biotecnólogos pasaron gradualmente de la lectura a la escritura del genoma. La secuenciación del genoma humano abrió el camino poder leer, identificar y relacionar los genes con su función específica. A la lectura le siguió la copia del material genético mediante la clonación. Lentamente, mediante la trasgénesis se pudo cambiar el texto original de modo de escribir parcialmente nuevas palabras para expresar algo distinto y finalmente la gran aventura de escribir totalmente un genoma nuevo, una identidad nueva. En esos 12 años también se pasó del conocimiento de unos pocos genes al conocimiento en la actualidad de más de 65 millones de genes provenientes de secuenciar  todo tipo de genomas. La ingeniería genética nos permite hoy utilizar esos millones de genes para  realizar transgénesis en microalgas y vegetales de modo de obtener biofábricas “ecológicas”, catalizadas por enzimas, alimentadas con dióxido de carbono y utilizando como fuente energética sólo energía solar.

A partir del 2013, con la secuenciación masiva del genoma humano,  ingresaremos a corto plazo y  gradualmente a la era de un diagnóstico genético-molecular personalizado con seguimientos periódicos. Esto permitirá una drástica disminución en los gastos destinados a la salud mundial y un volumen de recursos económicos liberados suficientemente importantes para ser utilizado por los estados en la provisión de alimentos para los 1000 millones de habitantes de la tierra sin capacidad de adquirir alimento alguno y para los 3000 millones con muy pocos recursos económicos.

La biotecnología durante muchos años se preocupó por producir mejores alimentos y en más cantidad. Podemos citar como ejemplo los alimentos trangénicos en general, la biotecnología de microalgas para obtener spirulina, una microalga con proteínas en más cantidad y de mejor calidad que las presentes en  la soja y cultivable en piletones sobre tierras no aptas para cultivos,   la carne biotecnológica o “in Vitro”, etc.

Ahora la secuenciación humana masiva, abrirá a partir del 2013 la puerta a un traspaso de recursos estatales excedentes del sistema de salud para  ser destinados a una mejor-mayor producción de alimentos y  a paliar la necesidad  insatisfecha en gran parte de la  población mundial.

La secuenciación masiva también nos permitirá realizar transgénesis para obtener biofábricas transgénicas ecológicas libres del consumo de energía fósil e instalables en cualquier rincón del planeta, en zonas sin riquezas naturales,  haciéndolas viables por  su generación de  recursos locales y trabajo. 

Por lo expuesto en el 2013 la biotenología iniciará un punto de inflexión irreversible  hacia una bioeconomía global, más justa y con más posibilidades para todos. Tal vez la biotecnología se convierta paulatinamente en el Robin Hood económico del siglo XXI.

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Edición Nº 12 - Anuario 2012